LA ESENCIA DE UN FRACASO

Esta poesía la escribí hace varios años. Habla del calvario que sufren las mujeres que, por circunstancias de la vida, se ven abocadas a vender su cuerpo por unos billetes manchados por la dignidad perdida.

 

Ronda las calles

bajo la luz de la luna

con la mano en el talle

provocando la lujuria.

Un coche se aproxima

se abre una puerta

que esconde una propina

por sus piernas abiertas.

Una habitación a oscuras,

unos dientes apretados,

falsos gemidos se escuchan

de sus labios empapados.

Ella cierra los ojos,

lágrimas caen rodando;

sabe de cualquier modo

que debe seguir actuando.

Es el final de la escena,

ella recibe su pago

sintiendo entre sus piernas

la esencia de un fracaso.

Poema incluido en “Esencias de una vida”.
Si os gusta el poema y queréis más, podéis adquirir el libro en la web de Ediciones Dauro – Esencias de una vida

Atardecer en el Tormes

 

Atardecer en el Tormes
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Ayer caminaba yo por el paseo que bordea el río Tormes, río que cruza la ciudad de Salamanca, cuando mi intuición de fotógrafo aficionado se topó con la imagen que veis. Sin perder un instante, tomé mi móvil chino, encuadré y disparé. Esta fotografía es una de las muchas que saqué, el contexto daba para ello, pues me encontraba, sin yo esperarlo, en un fantástico paraje.
Me pregunto que pasaría por la mente de la muchacha de rojo, sentada frente a las aguas tranquilas del río, meciéndose suavemente gracias a las tímidas ondulaciones del agua. Seguramente estaría tranquila, como lo estaba yo en el momento de la instantánea, dando el último repaso al temario del examen que tendría hoy, o quizás mañana, si fuese una estudiante aplicada. Quién sabe. Quizás estuviera pensando en un amor ausente, en un amor excitante y jovial, sin complicaciones enviciadas por la edad, ya que la juventud de la muchacha era obvia. Quién sabe. Quizás simplemente observaba el puente al fondo, en toda su majestuosidad, impertérrito ante el paso del tiempo, inmutable ante la mirada atenta de la joven, haciendo su honorable función en silencio, la de mantenerse firme aguantando estoicamente los pasos de los viandantes que caminarían sobre él durante muchos años. Quién sabe.
Los millones de pixeles que componen la imagen, que le dan brillo y color, no pueden proyectar el sentimiento de bienestar y armonía que inundaba mi ser en aquel momento. Me sentí por un instante en paz conmigo y con el universo, relajado, disfrutando de la vida. Fue un momento de felicidad, porque la felicidad es la suma de instantes como ese, pequeños en el tiempo pero de gran satisfacción emocional, como recibir un beso de la persona amada, como sentir el roce de su mano contra la tuya, como escuchar esa canción que te eriza la piel, como inspirar el aroma embriagador de tu flor favorita, como sacar esa fotografía… Cosas que nos parecen ínfimas ante la vorágine del día a día, ante el estrés crónico de una sociedad pasada de revoluciones pero, en realidad, son la clave para construir la felicidad tan ansiada por todos. Cosas que nos hacer vivir con plenitud, nos hacer ser humanos y libres. Lástima que estos instantes maravillosos pasan y se nos olvida recuperarlos.

CIBERLOCURA

Esta poesía trata de lo irónico de estar globalmente conectados gracias a la tecnología y, sin embargo, seguir aislándonos cada vez más.

Es algo muy extraño

es algo muy curioso

estamos comunicados

de mil maneras y modos.

Cara a cara no hablamos

solo redes sociales

poco a poco olvidamos

hábitos verbales.

Ya no escribimos

con corrección

ya no salimos

de la habitación.

Nos aislamos

para comunicarnos

sin comunicarnos

nos quedamos.

Enviamos fotos, chateamos

sin ningún fondo,

la red utilizamos

para ver porno.

Una red vacía

llena de paja

una red fría

que nos engancha.

Un gran invento

infrautilizado

en un gran cuento

cibernavegamos.

¿Qué ocurriría

si nos desconectamos?

¿Alguien viviría

feliz y sosegado?

Tengo mis dudas

al respecto

no encuentro cura

en el prospecto.

Esta ciberlocura

no entiende de edades

el alma anula

a hijos y a padres.

Ya no se charla

entre cervezas

ya no se habla

de nuestras penas,

de cosas vanas

solo chateas.

La ciberlocura atonta el cerebro

crea adictos a su juego

que sagaz entra en tu vida

tu raciocinio domina

hasta dejarte vacío.

Llena tu mente de sandeces

que como ciertas te las crees

hasta ahogarte en su río.

Debemos convertir

la ciberlocura en cibercordura,

lo podemos conseguir

usando la red con mesura.

Poema incluido en “Esencias de una vida”.
Si os gusta el poema y queréis más, podéis adquirir el libro en la web de Ediciones Dauro – Esencias de una vida

MENTIRAS

Esta poesía habla de las falsedades y falacias que salen de las bocas de algunas personas que dirigen nuestras vidas y que, consciente o inconscientemente, damos como verdades aunque, en el fondo, sabemos que no lo son. Quizás así sea mas fácil todo, la verdad es mas difícil de llevar y requiere de una responsabilidad adicional que muchos no podemos o no queremos acarrear sobre nuestros hombros.

La mentira pudre la mente

de ateos y creyentes

la disfrazan de verdades

voluptuosas y atrayentes

que engatusan a la gente

como gusanos a las aves.

La mentira nos rodea

nuestra moral estropea

entorpece nuestro juicio

inventando panaceas

que no hay quien se las crea

sacándonos de quicio.

Mentiras y mentiras

recibiendo cada día

provocando malestar

inventando economías

que destruyen grandes vidas

en pro de algún zar.

La mentira nos envuelve

la mentira nos pretende

nuestra alma devorar

con argucias malolientes

que propagan indecentes

en un ciclo sin final.

Encontremos el camino

la verdad como destino

que se encuentra oculto

ocultado por cretinos

que pretenden destruirnos

con mentiras como puños.

Poema incluido en “Esencias de una vida”.
Si os gusta el poema y queréis más, podéis adquirir el libro en la web de Ediciones Dauro – Esencias de una vida

ME QUITO EL SOMBRERO

Poesía dedicada a todas aquellas personas que aportan su pequeño o gran granito de arena para que la armonía entre los humanos no se rompa.

Yo me quito el sombrero

ante gente sin complejos

que expresa sentimientos

y no cuenta vanos cuentos.

Yo me quito el sombrero

si me encuentro frente a frente

un político decente

preocupado por la gente.

Yo me quito el sombrero

ante gente enamorada

que valora lo que ama

más que a nada, más que a nada.

Yo me quito el sombrero

por la gente más humilde

que consigue lo imposible

sin atisbos de rendirse.

Yo me quito el sombrero

por el rico empresario

que reparte a diario

con justicia el salario.

Yo me quito el sombrero

en defensa de esos niños

que no encuentran el cariño

mas sus ojos tienen brillo.

Yo me quito el sombrero

y me lo vuelvo a quitar

ante gente sin maldad

que transmite su amistad.

Yo me quito el sombrero

sin cubrirme la cabeza

siento con toda certeza

de este mundo su grandeza.

Poema incluido en “Esencias de una vida”.
Si os gusta el poema y queréis más, podéis adquirir el libro en la web de Ediciones Dauro – Esencias de una vida

¿Ver para creer?

El ser humano es capaz de hacer muchas cosas por diversos motivos: por ambición, por aliviarse sexualmente (algo de lo que se podría hablar largo y tendido), por amor (desafortunadamente los menos)…y por una creencia, que puede ser fundada o totalmente infundada. De ahí que veamos continuamente conflictos originados por creencias contrapuestas, conflictos que van desde una pequeña disputa en un bar de carretera a una guerra entre dos países. Y todo por creer ciegamente en algo que alguien en algún momento dijo o predicó. O por algo que no se sabe a ciencia cierta de donde viene, pero como ha ido pasando de padres a hijos, se toma como verdad indiscutible, como una guía que hay que seguir en la vida.

El creyente, en muchos casos, pierde los nervios si alguien cuestiona su creencia o si simplemente cree en algo distinto, llegando incluso a las manos. En su mente no cabe la posibilidad de que eso que ha sido el pilar básico de su vida pudiera ser falso, aunque en realidad nunca nadie le ha demostrado que era cierto. Es claro que necesitamos tener fe en cosas intangibles e indemostrables, pero también es claro que deberíamos tolerar la fe de los demás, aunque no coincida con la nuestra propia.

Me pregunto qué pasaría si ahora mismo a alguien con suficiente carisma se le ocurriese publicar en los diferentes medios de comunicación (bueno…en Internet) cualquier cosa que se le pasase por la cabeza, por muy descabellada que pareciera. Probablemente conseguiría crear una creencia lo suficientemente poderosa como para que, dentro de, pongamos 2000 años, se considerara como una religión que fuese seguida por millones de personas. Dejemos que Alejandro Sanz escriba el próximo dogma de fe, en nuestra próxima reencarnación quizás sea nuestro mesías.

¿Queda alguien feo? Es más… ¿queda alguien “fea”?

No hay más que poner la tele para constatar que los feos están a punto de extinguirse y las feas hace algún tiempo que se han extinguido ya. Parece que lo que parece bonito es lo que importa, no importa si no es bonito lo que dicen o hacen. Vivimos en un mundo que valora en exceso la apariencia exterior, en detrimento en muchos casos de la calidad humana y profesional. Lo peor de todo es que estamos tan acostumbrados a ello que no concebimos, por ejemplo, ver en el telediario a una presentadora normalita, tiene que ser un bellezón espectacular. Lo curioso del tema es que no nos damos cuenta de lo guapa que es, lo tomamos como algo normal, en un mundo de guapos, como si tod@s fuéramos tan espectaculares como esa periodista del telediario.

Creo que el hecho de no darnos cuenta es muy peligroso. Nos lleva a obsesionarnos por ese pelo que sobresale más de la cuenta del oído, a agobiarnos por ese pequeño (o gran) michelín que asoma en nuestra cintura, a dar un grito de angustia al observar que el tiempo actúa sobre nuestra piel arrugándola inevitablemente (es el precio que hay que pagar por seguir viv@). Nos alienamos con nuestra apariencia exterior y no somos felices porque en el fondo… ¿qué más da?

Con esto no quiero decir que no hay que cuidar nuestra apariencia en absoluto, no. No es malo tener un aspecto sano y saludable, desde luego. Lo que es de juzgado de guardia es estar las 24 horas del día pendiente de como llevo el pelo, de si mi camisa van conjuntada con mis pantalones (o mi falda), etc. Eso son minucias que no deberían tener la importancia que se les da. La belleza exterior se proyecta desde el interior, y eso lo digo por experiencia propia. No hay mejor tratamiento para la piel que reír a carcajadas, no hay mejor traje que el abrazo de un amigo, no hay mejor maquillaje que una noche de pasión con alguien amado, no hay mejor loción capilar que una buena charla con amig@s tomando una cerveza, no hay mejor pintalabios que un beso de enamorado.

Me da la impresión que nos iría mucho mejor si nos aceptáramos como realmente somos y nos dejásemos de tanta tontería estética, así nos evitaríamos muchos quebraderos de cabeza y, de paso, mucho rechazo a la gente que, todavía, no se ha operado de nada, aparte de apendicitis.

La picha un lío

Qué complicado es todo, ¿verdad que sí? Eso lo sabemos bien los que hemos crecido viendo Heidi, Marco y Mazinguer z. En aquella época era todo mucho más sencillo que ahora. Si por ejemplo querías comprar un coche, tenías dos modelos para elegir, el Seat 124 o el Seat 127 y va que chuta. En cambio ahora tienes decenas de ellos, cada uno con 200 accesorios diferentes con nombres rarísimos que, según el sonriente comercial de turno, van a hacerte la vida muy fácil, pero en el fondo no tienes ni idea de para qué sirven esas cosas que tiene tu coche. Aunque te da igual, porque tampoco sabes cómo se ponen en marcha, así que…

Y no te digo nada si hablamos de los supermercados. De cualquier producto tienes 4 o 5 marcas distintas por lo menos (eso sí, fabricadas en la misma empresa) y de cada marca, a su vez, existen 3 o 4 variedades diferentes. Así que hacer la compra se convierte en una especie de puzle maldito en el que debes encajar las piezas adecuadas en un mar de ellas para conseguir tu objetivo…ahorrar.

Nos las hemos apañado para hacer que nuestro mundo actual este saturado, en todos los sentidos. Hay una saturación tal que cuesta demasiado tomar una decisión cabal en cualquier ámbito. Hay tantas opciones sobre la mesa, que te ofrecen maravillosas ventajas e inigualables ofertas que no sabes por dónde tirar. Me pregunto si realmente necesitamos tantísima variedad o si la necesitan aquellos que se enriquecen con tu saturación mental.

Ahora es casi imposible filtrar lo que realmente es útil y necesario de la paja dentro de este batiburrillo de trastos, papeles, imágenes, normas, leyes, etc. en el que estamos inmersos. Quizás hayamos perdido la capacidad de distinguir entre lo necesario y lo superfluo, entre lo que realmente tiene valor y lo que no.