Atardecer en el Tormes

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Ayer caminaba yo por el paseo que bordea el río Tormes, río que cruza la ciudad de Salamanca, cuando mi intuición de fotógrafo aficionado se topó con la imagen que veis. Sin perder un instante, tomé mi móvil chino, encuadré y disparé. Esta fotografía es una de las muchas que saqué, el contexto daba para ello, pues me encontraba, sin yo esperarlo, en un fantástico paraje.
Me pregunto que pasaría por la mente de la muchacha de rojo, sentada frente a las aguas tranquilas del río, meciéndose suavemente gracias a las tímidas ondulaciones del agua. Seguramente estaría tranquila, como lo estaba yo en el momento de la instantánea, dando el último repaso al temario del examen que tendría hoy, o quizás mañana, si fuese una estudiante aplicada. Quién sabe. Quizás estuviera pensando en un amor ausente, en un amor excitante y jovial, sin complicaciones enviciadas por la edad, ya que la juventud de la muchacha era obvia. Quién sabe. Quizás simplemente observaba el puente al fondo, en toda su majestuosidad, impertérrito ante el paso del tiempo, inmutable ante la mirada atenta de la joven, haciendo su honorable función en silencio, la de mantenerse firme aguantando estoicamente los pasos de los viandantes que caminarían sobre él durante muchos años. Quién sabe.
Los millones de pixeles que componen la imagen, que le dan brillo y color, no pueden proyectar el sentimiento de bienestar y armonía que inundaba mi ser en aquel momento. Me sentí por un instante en paz conmigo y con el universo, relajado, disfrutando de la vida. Fue un momento de felicidad, porque la felicidad es la suma de instantes como ese, pequeños en el tiempo pero de gran satisfacción emocional, como recibir un beso de la persona amada, como sentir el roce de su mano contra la tuya, como escuchar esa canción que te eriza la piel, como inspirar el aroma embriagador de tu flor favorita, como sacar esa fotografía… Cosas que nos parecen ínfimas ante la vorágine del día a día, ante el estrés crónico de una sociedad pasada de revoluciones pero, en realidad, son la clave para construir la felicidad tan ansiada por todos. Cosas que nos hacer vivir con plenitud, nos hacer ser humanos y libres. Lástima que estos instantes maravillosos pasan y se nos olvida recuperarlos.