imagen Estamos en crisis

Estamos en crisis, cierto. Crisis económica, cierto para algunos. Para unos pocos no hay crisis económica, no la ha habido ni la habrá jamás. Hay gente que dice: “no hay dinero”, como excusando así a los gobiernos de medio mundo que aplican políticas de recortes excesivos y vergonzantes. Sí que hay dinero, el dinero es como la energía que, según Einstein, ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma, se transforma en sobres que pasan de unas manos a otras con descaro, sin miramientos, se transforma en mayor poder de los poderosos, se transforma en corrupción política y humana, se transforma en una desigualdad cada vez más abismal. Como la energía, el dinero no se destruye, solo desaparece de los bolsillos de los eternamente desfavorecidos para pasar a llenar otros, o más bien a rebosarlos porque vienen bien llenos de serie. 

Nuestra sociedad, nuestra moral e incluso nuestra vida gira en torno al dinero. Cada vez nos importa menos el vecino, mientras tengamos nuestras necesidades cubiertas. Necesidades que han creado otros para que las disfrutemos, para que seamos “felices”, a cambio de unos billetes. Podemos comprar la felicidad. Una felicidad basada en tener muchas cosas, cuantas más mejor. Según esta definición para ser feliz es necesario tener dinero. Por tanto, ése es el objetivo número uno en la búsqueda de la felicidad.
Supongamos que no eres ric@, pero quieres ser feliz, tienes derecho a serlo. Para lograrlo, al pertenecer a esta sociedad, debes cumplir las normas no escritas que la rigen, es decir, debes poder comprar cosas, muchas cosas. ¿Cómo se consigue eso? Con dinero. Para obtenerlo tienes dos opciones: trabajar o robar. Si optas por lo primero, es difícil encontrar un empleo bien remunerado…, es más, es difícil encontrar “un empleo”, así que tu derecho a ser “feliz” se desvanece. Si optas por lo segundo y te pillan, pagaras por ello con creces, a no ser que vayas a lo grande y robes muchos miles de millones, entonces no hay problema, tranquil@, serás “feliz”.
Estamos en crisis, una crisis profunda existencial que se ha ido alimentando durante los años de bonanza económica, haciendo que nos encerremos en nuestro propio placer, olvidándonos de nuestro vecino y sumergiéndonos en un círculo adictivo de necesidades banales inventadas para alienarnos y hacernos dependientes del poder supremo que rige el mundo: el dinero.

3 comentarios

  1. Yo tambien estoy de acuerdo con el contenido y en total desacuerdo con la realidad que en el se refleja.Siempre oi decir a mi madre(muy sabia),aunque no estudiada que solo se hacia uno rico de tres maneras:si te toca la loteria,por una herencia(por ejemplo la de Pujol), o por robar. Esto ultimo es lo que mas se prodiga,y lo que mas nos meten los politicos en el cerebro.Lo unico que me queda por decir:Todos los que se llaman HONORABLES,¡¡¡A la mierda!!!.

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