minientrada EL SECRETO DEL HÉROE (PARTE 3)

     —Le salvó… ¡¡nooo!!… ¡¡Secreto!!… ¡¡shhhh!!

Al principio no podía creerlo… ¡Había hablado! Mi mirada buscó la suya y… ¡la encontró! Sus ojos emitían una fuerza inusitada, cosa que regocijó mi corazón, que latía frenético. Me incliné hacia ella, le tome de la mano arrugada y huesuda y esperé.
     —Te lo prometo…nadie lo sabrá…

Las palabras salían de su boca como forzadas. Sentí como me apretaba la mano con firmeza. Sus ojos, vivos, no se apartaban de los míos.

     —Yo le amaba… le amaba… ¡Se ahogó! ¡Noooo! ¡Dios mío noooo!… Lo juro, nunca lo diré. Gracias… gracias… 

La abracé mientras rompía a llorar. No lograba entender qué me quería decir. Mi mente trabajaba al cien por cien mientras mecía a mi desconsolada abuela entre mis brazos. Estaba claro que se estaba debatiendo entre algún tipo de promesa que no podía desvelar y su necesidad de liberarse de ella. Pero,… ¿a qué promesa se refería? ¿Quién le prometió qué? Mi cabeza iba a explotar. No lograba encajar las piezas de aquel puzle. Y aquel momento emocionalmente tan intenso no ayudaba a clarificar las ideas.

Apenas conocía la historia de mi abuelo. Ese misterio, paradójicamente, formaba parte de la esencia de mi vida, podría decirse que era el catalizador de mis experiencias, la mayoría positivas. A veces me he preguntado cómo sería aquel hombre, qué vicisitudes pasaría, pero enseguida lo desechaba de mi mente como si, por el mero hecho de hurgar en su vida, tocase algo sensible que afectase al transcurso de la mía. Sabía que era marinero, un hombre recio, como correspondía a los navegantes nacidos en la década de los 30. Sabía que era capitán de un pequeño barco pesquero y que murió ahogado cuando contaba con 32 años. Las circunstancias de su muerte eran confusas, después de tantos años transcurridos aún más. Preguntando a familiares descubrí que su hazaña fue publicada incluso en los periódicos regionales de la época, aunque nunca tuve oportunidad de ver ninguno. Durante un tiempo fue un héroe… el que dio su vida por salvar la de un joven. Desafortunadamente el tiempo enterró a mi abuelo y a su hazaña. Pero yo iba a rescatar a ese héroe de las fauces del olvido.Mientras mis pensamientos iban y venían aceleradamente, noté que el llanto de mi abuela desaparecía.

     —¿Estás bien abuela?
     —Sí

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