minientrada EL SECRETO DEL HÉROE (DESENLACE)

Ese “sí” fue pronunciado con un tinte de seguridad y firmeza inédito en ella. Observé su cara tan cercana a la mía y noté un cambio total en su expresión. Parecía que nos habíamos trasladado mágicamente a otros tiempos, tiempos ya muy lejanos, donde ella aun razonaba. Aguantaba con altanería mi mirada. El brillo de sus ojos denotaba que la memoria regresaba. Tuve un impulso de volver a abrazarla pero tuve miedo de romper ese hechizo que no sabía cuanto podría durar y me mantuve frente a ella, esperando, espectante.   

     —Ese joven vino a mi casa unos días después… Yo estaba destrozada de dolor… él también lo estaba. Era tan alto que tenía que agachar la cabeza para entrar por la puerta…  —una sonrisa se dibujó en su cara—. Tenía miedo, como yo. Tenía miedo de quedarme sola, tenía miedo de echarle tanto de menos  —Una lágrima se escapaba de sus ojos—. Tenía miedo de alguien, miraba a un lado y a otro, no quería que le atrapasen. Era solo un niño, ¡por Dios! ¿Qué podía haber hecho tan grave para tener tanto miedo?…

Su voz calló. Su cara reflejaba paz. Su mirada se perdió a través de la ventana pero su memoria seguía con ella, se podía percibir. Con los nervios a flor de piel y haciendo gala de una gran fuerza de voluntad, esperé a que continuase su relato. 

     —Necesitaba desahogarse…  —continuo mi abuela—. El amor de mi vida le había dado otra oportunidad, sí… Y el quería agradecerlo pero tenía miedo. Miedo de sus perseguidores… miedo del recuerdo del agua asfixiándole —el gesto de su cara no cambió—. Era tan alto y tan joven… Yo quería ayudarle, se merecía una segunda oportunidad. Le ofrecí un café… tenía prisa. Miraba a un lado y a otro. Miraba a un lado y a otro…

Silencio. La pausa de mi abuela sirvió de vía de escape de la olla a presión en que se había convertido mi cerebro. Yo intuía que tenía casi todas las piezas del puzle sobre la mesa…

     —El joven prometió que estaría presente. Prometió que no fallaría. Todas las semanas. Estaba agradecido… Tan alto y tan delgado… Sabía que lo haría, confiaba en él… Yo no diría nada, nunca diría nada. Había defraudado a su padre… ¡Pobre crío!

Mis cinco sentidos estaban tan centrados en la increíble historia que me daba la impresión de estar experimentando un sueño muy vivido. El tiempo parecía haberse parado. Mi abuela cerró los ojos como dormida. El corazón me dio un vuelco, “¡Ahora no!”… 

Los abrió de nuevo, seguían brillando. Volví a respirar.

     —Las drogas son malas, las drogas son malas… son malas, malas. Estaba arrepentido, lloraba… Por favor, no lo digas, no lo digas, me arrepiento, no lo digas…

De repente sentí algo tibio deslizarse por mi mejilla. Limpié la lágrima, mecánicamente.

     —No quiero que mi padre lo sepa, no quiero… Me arrepiento… Le destruirán por mi culpa, ya no será senador por mi culpa… no. Me meterán en la cárcel. El sufrirá por mí. Él no sabe nada, no quiero que sepa nada. Por favor, no lo digas. Sálvame otra vez, como lo hizo él. Era un buen chico, prometí mantener el secreto, el secreto… 

Su lucidez tal como vino se fue. Me quedé escudriñando sus ojos vacíos, en busca de algo que nunca volvería a encontrar en su cara, esa cara de sonrisa torcida y mirada ausente. Y pensé en un héroe, mi abuelo, salvando a otro héroe… Descansa en paz querido “gigante esquelético”. 

FIN,

Me gustaría pediros un pequeño favor: que me comentaseis contestando a este post lo que opináis del relato, si os ha gustado, si no, lo que habéis experimentado leyéndolo… Os cuesta un minuto de tiempo y a mí me vendría fenomenal para saber en qué puedo mejorar para futuros escritos. ¡Ya me adelanto y os agradezco los futuros comentarios! 🙂
Pronto habrá más historias.
¡Gracias por leerme!

6 comentarios

  1. Muchas gracias de nuevo por vuestros comentarios. Me encanta que os encante.
    Os invito a que busquéis entradas antiguas del blog, donde encontraréis más poemas interesantes y algún que otro artículo.
    🙂

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  2. Oscar! Qué suerte tiene Annuba al tener tanto literato en filas. “¡Siempre hay algo que leer!
    Me entusiama aquel que con sus escritos es capaz dr emocionarme y arrastrarme al interior de la lectura. Tú lo has conseguido. El relato es ágil, fluido e intrigante en cada tramo, tanto que al final a una se le queda cara de tonta esperando más lectura.
    Me encanta el poema Razon de ser.

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