ALIENÍGENA

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Todos tenemos un vecino raro. Un vecino que apenas te saluda cuando coincides con él en el ascensor y que se te queda mirando fijamente, como escaneándote, y tu piensas…»Este tipo… parece de otro planeta».
El otro día, al abrir el buzón para revisar mi correspondencia, me encontré una nota escrita con sangre que decía así:

Soy un alienígena,
vivo en tu ciudad.
Te veo cada día
cuando vas a trabajar.

Observo tus andares;
cuando vienes, cuando vas.
Detecto tus pesares,
tengo esa habilidad.

Conozco tus defectos,
escudriño tu cabeza;
adivino tus deseos,
he aprendido tus flaquezas.

Analizo sentimientos,
compilando los datos;
poco a poco comprendiendo
vuestros puntos flacos.

Sois seres inferiores,
egoístas y macabros;
ávidos de atenciones
sin ofrecer nada a cambio.

Un repaso a vuestra historia:
siempre guerras entre bandos,
buscando falsa gloria.
¡Estáis ya condenados!

Vine aquí a destruiros,
vine aquí a masacraros…
Creo que vosotros mismos,
me ahorraréis el trabajo.


 No volví a ver jamás a mi vecino…