minientrada “503” CAPÍTULO FINAL

503

CAPÍTULO FINAL

 
Hubiera deseado estar muerto. O quizás lo estaba ya, lo ignoraba. En ese lugar, el concepto de tiempo y espacio no se regía por las normas convencionales. Se encontraba en una especie de limbo, una especie de mundo virtual donde nada era real, una cárcel inventada en lo que quedaba de su mente maltrecha. Ahora lo recordaba todo. Recordaba la voz de su madre cuando le decía “cariño” y sus abrazos y sus besos… ¡Qué pesada le parecía entonces y lo que daría por tenerla consigo ahora! Recordaba la imagen de su padre, tan tosco, después de la jornada de trabajo sentándose junto a él en el sofá sorbiendo su café… ¡Cómo podía haber olvidado ese aroma tan característico, ese sello de identidad!
El lujoso hotel había dejado de ser lujoso. Se había convertido en un castillo en ruinas, con las paredes desconchadas, moho y telarañas por doquier. La “diosa de ébano” ya no era diosa ni de ébano, era una anciana arrugada y mugrienta, sin apenas dentadura que mostrar. El mar detrás de los ventanales de su habitación había engullido por completo la arena, los rayos campaban a sus anchas en el cielo gris plomizo, haciendo de teloneros del concierto de los truenos que reventaban sus tímpanos. Ya no quedaba nada de aquellos hombres y mujeres jóvenes, sonrientes y apuestos, ya no le vitoreaban ni le hacían fiestas sorpresa. Sólo quería huir de allí, sólo quería recuperar su vida, volver a ser aquel joven malcriado de grandes ilusiones y pocos recursos, sólo quería abrazar a sus padres. Agarró el pomo oxidado de la puerta, lo giró y la abrió. Su grito de impotencia fue desgarrador, aferrándose a los barrotes de su habitación 503.
     —¿Sabes cariño? He leído en una revista que unos científicos españoles han descubierto que las personas en coma son capaces de percibir estímulos exteriores, sonidos y olores, ¿no es fantástico?
La sonrisa franca que Úrsula brindaba a su hijo, contrastaba con la mueca de incredulidad de Simón a su espalda. Sin esperar la respuesta que, evidentemente, no tendría por parte del chico, continuó:
     —Siempre he sabido que te recuperarías hijo mío, siempre he tenido fe en ello -ampliando la sonrisa, acarició la mano estática del joven-. Sé que me escuchas y sé que sientes mi mano sobre la tuya. Estoy segura de que pronto estarás con nosotros y volverás a ser ese chico apuesto y un poco alocado que tanto queremos…

La emoción puso freno a sus palabras. Se mantuvo así, sentada al lado de la cama con las manos sobre las de su hijo y los ojos húmedos y esperanzados. Se mantendría así, con fe renovada, atenta a cualquier movimiento, tic,… lo que sea, mientras el aroma del mediocre café de Simón ambientaría la 503.

FIN
Espero que hayáis disfrutado la historia. Me encantaría saber vuestras opiniones sobre ella, qué os ha sugerido, qué os ha hecho sentir, si os ha gustado el tema,… en fin, todo lo que queráis podéis comentarlo en el blog. 
Vuestras opiniones me son de gran ayuda para evolucionar como escritor y así poder ofreceros a vosotros, mis queridos lectores, unos textos inolvidables.
 
¡Ah!…  ¡y no olvidéis compartirlo en las redes sociales!
 
MUCHAS GRACIAS POR LEERME.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s