imagen MICRORRELATO: “El extraño del maletín”

El extraño del maletín

No les podía ver pero intuía que le perseguían. Llevaba el maldito maletín pegado al cuerpo y su chaqueta sobre los hombros apenas disimulaba las esposas que lo unían a su muñeca derecha. A ratos corría, a ratos andaba, siempre mirando a un lado y a otro, entre los viandantes que pasaban ante él, ajenos, como si no existiera. Las esposas le quemaban la piel. Sudaba a mares. 


Con la mirada perdida, sorbiendo su café, el escritor miraba, sin ver, a través del ventanal de la bulliciosa cafetería. Tenía ya la historia clara en su cabeza, el primer borrador casi completo después de 6 meses de darle vueltas. Sólo le faltaba un pequeño gran detalle: el personaje principal. No se le ocurría cómo describirlo. Estaba bloqueado y la editorial apretaba. 

El escritor veía pasar gente y más gente a través del ventanal. Cuando le vio, su corazón dio un vuelco. Siguió con la mirada a aquel extraño hombre que estaba a punto de entrar en la cafetería: moreno, no muy alto, musculoso, con barba recortada, de unos 30 años, con aspecto desaliñado, que llevaba una chaqueta sobre los hombros, la cuál escondía algo voluminoso.


Necesitaba encontrar algún sitio concurrido para pensar qué hacer. Sí, esa cafetería podría ser un buen lugar, llena de gente. Allí sus perseguidores no se atreverían a atacarle. Al pasar, nervioso, por delante del ventanal, su mirada se cruzó con la del desconocido, que tomaba café al otro lado. Algo le dijo que ese hombre era de confianza…


No podía dejar de mirar al extraño de la chaqueta. El extraño le aguantaba la mirada mientras se acercaba a la mesa donde él estaba sentado. La caja, o quizás un maletín, que pretendía esconder bajo la chaqueta negra, sobresalía.


    —¿Le importa que me siente? —dijo el extraño del maletín, al tiempo que se sentaba al lado del escritor. Mientras tomaba asiento a trompicones, no pudo evitar que las esposas fueran visibles por un instante. Las tapó con disimulo de inmediato, pero el escritor ya se había dado cuenta. El extraño del maletín miraba a uno y otro lado, mientras sostenía con dificultad el maletín sobre su regazo. La mesa lo ocultaba de miradas curiosas, aunque nadie reparó en la singular pareja sentada frente al ventanal.

El escritor quedó mudo y perplejo. Su corazón volvió a dar un vuelco.


    —Creo que me he metido en un lío, señor —empezó el extraño del maletín—. Disculpe mi atrevimiento. No nos conocemos, pero Ud. me ha parecido buena gente y estoy desesperado… Ayer estaba de fiesta con unos amigos en un pub y conocí a una chica preciosa, Sandra. Aunque seguro que no es su verdadero nombre… La invité a una copa y nos liamos. Fuimos a un hotel, me acosté con ella, me despierto al amanecer y me encuentro este puto maletín encadenado a la muñeca y una nota: “Ve a la Avda. del laberinto nº 66. Allí podrás soltarte. Serás recompensado. Sandra”…


El escritor seguía mudo y petrificado… “Sandra”, “Avda. del laberinto”… ¡No podía ser!


    —Lo primero que pensé, al verme atado al maletín, fue:… 


“Es una broma”


…”¡Es una broma!” y me reí. Llamé a Sandra, pensando que estaba en el baño, diciéndole que era muy graciosa y que me quitase las esposas, que … 


“como juego sexual estaba bien”


… como juego sexual estaba bien, pero que ya era suficiente. Al darme cuenta de que no era una broma, me entró el pánico. Comencé a…


“Intentar liberarme de las esposas tirando con fuerza”


…intentar liberarme de las esposas tirando con fuerza hasta que me hice llagas en la muñeca (…)


El extraño del maletín siguió hablando durante algún tiempo, pero el escritor ya no le escuchaba, no hacía falta. Apenas se dio cuenta cuando el extraño del maletín se levantó y se marchó despavorido. El escritor sabía que no tendría buen final, el escritor sabía que todo era una trampa, que le atraparían, llevaba 6 meses sabiéndolo. Y, en ese momento, el escritor tenía todo lo que necesitaba para terminar su historia. Por ello, sin perder un segundo tomó su tablet y, con una sonrisa, comenzó a describir a su personaje principal: moreno, no muy alto, musculoso…

6 comentarios

  1. ¡Muchas gracias por tu comentario Lucia!

    Si te ha entretenido, objetivo cumplido 🙂

    En principio, no tengo intención de desarrollar más el micro, creo que está bien como está. Aunque estoy abierto a sugerencias

    ¡Un abrazo!

    Me gusta

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