imagen MICRORRELATO: “El gran Gaelis”

Estaba hasta los huevos de esos criajos que iban de adolescentes maduros. Sí, reconocía que, a veces, se colaba alguno si venía acompañado de alguna chica guapa. Las chicas guapas siempre venían bien para que un pub funcionase, atraían a los chicos.

Mientras pEl gran Gaelisulsaba el botón de apertura automática del coche en la oscuridad del callejón, esbozó una sonrisa, recordando al renacuajo paliducho. ¿Qué años tendría el enano aquel?¿10?¿11 a lo sumo? Una cosa es que tuvieran 16 o 17, incluso 15, pero 11 ya era demasiado. Aunque el cabrón de él casi le había convencido. ¡Cómo hablaba el jodido crío! ¡Parecía un catedrático de la lengua!

 

Ya sentado al volante, no pudo evitar echarse a reír al recordar su vestimenta. Parecía sacado de alguna foto de los años 50 en las que salía su abuelo de niño, todo repeinado con la raya al medio, de etiqueta, con una corbata negra ridícula, demasiado grande para un cuerpo tan pequeño. Y aquella camisa blanca, impoluta, de enorme cuello pulcramente plegado sobre los minúsculos hombros. A pesar de que estaba más que acostumbrado a ver todo tipo de personajes de la noche, aquel chaval le sorprendió. Y la guinda fue cuando le dijo, con esa voz que pretendía ser grave, sin conseguirlo: “¡Te arrepentirás de ésto!”. ¡A tomar por el culo de allí, niñato de mierda!

Arrancó el coche y pisó el acelerador. Tardó un instante en darse cuenta de que el vehículo no se movió ni un milímetro. Volvió a acelerar. El motor rugió con toda su potencia. Nada. Algo impedía que el coche avanzara. Extrañado, paró el motor y salió.

La noche pareció engullirle. El silencio era absoluto. Imposible en esa calle. El miedo comenzó a invadirle. Se quedó de pie, paralizado. Miró la parte trasera del vehículo. Allí no había ni un alma pero se sentía observado. Asustado, no…, aterrorizado, volvió a entrar en el coche y lo puso en marcha.

Lo último que vio por el retrovisor, antes de que su cabeza saliese despedida atravesando el parabrisas, fue la cara pálida de un niño.

Lo último que pensó antes de morir:

“¡Te arrepentirás de ésto!”.

Epílogo

“Yo, el gran Gaelis, invicto en innumerables batallas, creador de los seres del Averno más temibles de la historia, poseedor de los poderes más devastadores nunca conocidos, recaudador de las almas de los  líderes mundiales más poderosos de los últimos 200 años, en definitiva, la representación del Mal en la tierra, ninguneado por un miserable humano de 12o kilos… ¡Qué humillante!” 

pensaba Gaelis mientras se alimentaba de la sangre que aún brotaba de la cabeza cercenada del portero, iluminado por los primeros rayos de sol del amanecer.

FIN

¡Felices sueños, amig@s! 

Un consejo: cada vez que vayáis a recoger al colegio a vuestro hijo, o a llevarle a los columpios o a contarle un cuento por las noches antes de dormir, pensad que Gaelis puede estar observándoos… 

Ríe mientras tengas dientes. No sabes si mañana los perderás. (OsKarTel)

4 comentarios

  1. Muy guay el relato, el final me ha sacado una sonrisa irónica. Por cierto, soy Almu de Letras & Poesía. Sígueme y compartimos experiencias y literatura.

    P.D: A mí también me encanta la música y la fotografía.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s