Síndrome de la hoja en blanco

Si eres escritor o escritora, conocerás la sensación que te voy a describir en este post y si no lo eres, espero transmitírtela de manera que la puedas comprender.

Enciendes el ordenador, abres tu procesador de textos favorito y…

la nada más absoluta aparece frente a ti

en forma de cuadrilátero de color blanco. Tu mirada se desvía a la parte superior izquierda del cuadrilátero, donde se encuentra una línea transversal de medio centímetro de longitud aproximadamente, de color negro que contrasta con el fondo blanco. Tus ojos no pueden dejar de observar el maldito cursor parpadeante que te reta a pulsar la primera tecla de tu maravillosa historia, pero tus dedos están agarrotados y tu mente vacía. Las neuronas se han despertado perezosas, o incluso siguen aún dormidas. No se han interconectado entre ellas de manera adecuada, produciendo un caos circulatorio de ideas que bloquea tus dedos, embota tu imaginación y potencia una ansiedad cada vez más palpable. Y cuanta más ansiedad tienes, más grande se hace la hoja y más hipnótico el cursor. El tiempo pasa lento y la hoja se convierte en la sábana de una cama dos por dos.

Solo percibes blanco y parpadeo, blanco y parpadeo, ad infinitum.

¿Conoces la sensación?

Si tu respuesta es afirmativa, enhorabuena. Eso significa que has forzado a tu mente a que ordene a tu cuerpo sentarse frente a la pantalla del ordenador para realizar lo que te apasiona: escribir. Si tu respuesta en negativa, enhorabuena también. Tienes tan clara la estructura de tu historia que no existe posibilidad alguna de bloqueo y si, en alguna ocasión dudas de cómo seguir, siempre puedes consultar tus apuntes, esquemas de personajes, documentación o cualquier otro aspecto de tu planificación previa a la escritura que te sirva para continuar con esa apasionante historia que tanto va a gustar a tus lectores.

Para concluir, el síndrome de la hoja en blanco quizá no se pueda evitar, pero sí minimizar con una planificación adecuada de tu historia antes de ponerte a escribir. Así, además de tener continuidad en la redacción de tu escrito y no sufrir grandes bloqueos, dificultarás la tendencia a “irse por las ramas” de muchos escritores que no planifican, unas ramas que, a veces, se convierten en espesos bosques que no dejan ver la luz.

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