La gente ya no mira al cielo

La gente ya no mira al cielo. La gente ha perdido interés por el movimiento pausado de las nubes. A nadie le interesa si una nube ha adquirido por capricho la forma de un perrito mullido y tierno, o quizá el perfil de un enorme barco pirata o tal vez la figura de una tetera humeante. Solo hay que caminar por las calles de la ciudad para darse cuenta de este hecho. El ángulo de visión de las personas no sobrepasa la altura de los ojos. Es más, en la mayoría de las ocasiones está por debajo, muy por debajo. Parece que nuestro interés dista mucho de ser elevado. Miramos siempre hacia abajo, tal vez por el efecto de la gravedad, quizás por el efecto de los pixeles de nuestro teléfono, no lo sé.

Ya nadie mira al cielo

Sea como fuere, nuestro campo de miras es muy limitado y nos estamos perdiendo puntos de vista ampliados que, antaño, estaban integrados en el modus vivendi de nuestros ancestros, los cuales no solo miraban al cielo, sino que lo disfrutaban y se fusionaban con él. Ahora esa amplitud de miradas ha caído en desuso, incluso en el olvido me atrevería a afirmar. ¿Por qué nos empeñamos en observar cada paso que damos, en vez de erguirnos y disfrutar de las vistas que el universo nos regala? Quizás será por el poder hipnótico de estos pequeños aparatitos que llevamos siempre encima y que tanto nos ayudan y tanto nos destruyen, llamados teléfonos móviles. O puede que todo sea debido a que nos sentimos como si fuéramos una especie de abono de tercera generación, algo parecido a una materia orgánica desechable provista de un cierto grado de inteligencia. O simplemente escudriñamos el suelo para encontrar ese billete de lotería premiado que tanto tiempo hemos estado esperando o esa moneda que nos llenará de felicidad, felicidad que se disipará tres pasos más adelante.

La gente ya no mira al cielo. Lo que hay ahí arriba no interesa, no importa. Tan solo está el astro rey que nos saluda cada día con su brillo, las nubes que, cuando se entristecen, lloran lágrimas de vida sobre nuestras cabezas y la luna, que vigila nuestros sueños cada noche arrullándonos con su misterio. Ya solo por eso, deberíamos rendirles homenaje, mirarles a la cara, sentirnos orgullosos de ellos y darles las gracias.

Pero ya nadie mira al cielo


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3 comentarios sobre “La gente ya no mira al cielo

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