Juventud ¿divino tesoro?

Cuántas veces hemos oído aquel dicho popular que dice: “Juventud, divino tesoro”, ¿verdad?

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de juventud? ¿A partir de qué edad podemos considerar a una persona joven? ¿A los diez años? ¿A los veinte? ¿La juventud tiene una edad límite? Si es así, ¿cuál es? ¿Cuarenta? ¿Cincuenta?

La juventud es un concepto difuso, indefinido. La sociedad define juventud valorando únicamente la edad de las personas, etiquetando como “viejos” a los que superan una edad que varía dependiendo de a quién le preguntes. Nadie quiere que se le etiquete de esa manera, como si hacerse viejo fuera un estigma digno de la Pascua Católica. La sociedad se empeña en matar en vida a las personas antes de tiempo, rechazando su edad a medida que envejecen, como si pudiéramos elegir no cumplir años (bueno, podemos elegirlo, pero la alternativa quizá no nos convenza demasiado), sin darse cuenta de que el hecho de llegar a viejo es una proeza, si lo miras bien. A la sociedad le gustaría no cumplir años, estancarse en un número concreto que varía, como he comentado antes, dependiendo de cada uno. Se empecina en ser eternamente joven, en parecer una manzana verde y brillante. Eso sí, que el gusano que hay dentro no asome la cabeza, por supuesto.

Juventud, divino tesoro

Por otra parte, ¿qué hay del sentimiento joven? Me atrevo a apostar que, en algún momento de tu vida, has conocido a “viejos” con una energía y una actitud digna de un “joven” y a “jóvenes” que caminan cabizbajos, conformando una chepa que no les corresponde. Entonces, ¿la juventud solo se define por la edad? ¿O tal vez sea un estado de ánimo y una energía vital intemporal? Piensa en ello.

Juventud, divino tesoro

“Tesoro”, según la Wikipedia, se define como una concentración de riqueza perdida o sin usar. ¿Por qué consideramos a la juventud un tesoro? ¿La juventud es riqueza? Un árbol recién plantado no produce riqueza alguna, necesita la luz del sol, los nutrientes adecuados que extrae de la tierra y tiempo para crecer y convertirse en un creador de frutas o flores, en un creador de riqueza. Asimismo, una piedra preciosa como el diamante no aparece al chasquear los dedos, necesita varios millones de años para que sus moléculas de carbono conformen la estructura ordenada necesaria. Es decir, para conseguir crear riqueza, se necesita envejecer.

Me llama la atención la parte de la definición de riqueza que dice “perdida o sin usar”. Bajo ese prisma, tal vez no esté descaminado del todo este refrán. La juventud está perdida, siempre lo ha estado. Por tanto, para encontrarse necesita tiempo de búsqueda. Y el tiempo se convierte en años y la acumulación de años, querid@ amig@, se convierte en vejez. La juventud tampoco está usada por la vida, no ha tenido tiempo para vivirla, para sentirla en toda su amplitud y plenitud, que es infinita e inimaginable.

En conclusión, viejo o joven, joven o viejo, son conceptos irrelevantes que no llevan a ningún lado. Así que dejemos que el tiempo nos haga unos viejos con el espíritu joven.

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