Egoísmo solidario

El ser humano es egoísta, eso es innegable y más en la sociedad actual, que fomenta la auto adoración y el placer individual e inmediato por encima de todo y de todos.

El egoísmo es contradictorio. Por un lado, lo tomamos como algo insolidario, como algo malvado, sin darnos cuenta de que todos los seres en el fondo solo nos tenemos a nosotros mismos, porque si no existiéramos ¿cómo podríamos ayudar a los demás?, ¿Cómo podríamos amar? Sería imposible. Así que es natural ser egoísta.

Todo ser vivo tiene que ser egoísta para sobrevivir. Lo primero que hacemos al nacer es llorar. Lloramos porque nos encontramos de repente en un mundo desconocido y hostil, donde ya no sentimos el cálido fluido que nos protegía y nos mecía. Nos sentimos abrumados ante tantos estímulos extraños que nos hacen temer por nuestra supervivencia. Por ello pedimos ayuda y lo hacemos de la única manera que conocemos: llorando. El egoísmo nos salva la vida nada más nacer.

El concepto de egoísmo no está bien orientado. Lo vemos como un pozo sin fondo, donde podemos verter toda clase de experiencias vitales que nos produzcan satisfacción personal, sin pararnos a pensar que, en realidad, es como un vaso. Todo vaso tiene una capacidad limitada. No podemos llenar un vaso de media pinta de cerveza echándole una pinta, se derramaría y se perdería buena parte de la bebida. Con el egoísmo pasa igual. Primero hay que llenar nuestro vaso hasta su capacidad máxima y luego hay que vaciarlo para después volverlo a llenar de nuevo. Y ahí entra el concepto más altruista del egoísmo. Una vez llenado el vaso, debemos vaciarlo en los vasos de los demás y, a su vez, los demás harán lo mismo con nuestro vaso y con el de otros, a medida que ellos lo llenen, dentro de un círculo eterno de egoísmo solidario.

Es bien sabido que cuando ayudamos a otras personas, cuando le prestamos nuestro apoyo, cuando amamos sin reservas y lo hacemos desde lo más profundo de nuestro ser, nos embarga una sensación de bienestar muy placentera y agradable. Es decir, nuestro ego se fortalece y se expande de forma inconsciente al actuar de modo altruista, por tanto, en el fondo, ayudamos a los demás para alimentar nuestro egoísmo y eso está bien, siempre que sea egoísmo solidario, siempre que no desbordemos nuestro vaso.

Así que, ¡seamos egoístas solidarios!


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