Ya no existe diversidad

Vivimos en un mundo de opciones infinitas que tenemos al alcance de la mano para nuestro deleite y regocijo. Podríamos pensar que la era actual es la era de las posibilidades, donde podemos coronar con éxito cualquier sueño que se pase por la imaginación.

Me temo que eso no es del todo cierto.

En realidad estamos limitados, tal vez más que nunca en la historia de la humanidad. El mero hecho de disponer de tantas opciones para elegir, nos hace no elegir. Nuestro cerebro es una máquina perfecta y siempre tiende a utilizar la energía de forma eficiente. Por ello, a la hora de decidir la mejor opción entre tanta variedad, nuestro cerebro va a necesitar invertir mucha energía en el proceso hasta llegar a un punto de saturación lo que conllevará a, o bien elegir lo que haya elegido el resto del grupo al que pertenezca el individuo, o bien no elegir en absoluto. Al cerebro no le gusta gastar energía a lo tonto, así que ante tales circunstancias se auto reajusta para evitar desperdiciarla.

En resumidas cuentas, cuando las posibilidades de elección son muy amplias, la capacidad de elección del individuo es casi nula, por muy irónico que parezca.

Ese fenómeno es bien sabido por las grandes empresas. Conocen a la perfección que la mente humana tiene limitaciones a la hora de enfocarse. Cuantos más elementos aparezcan en el campo de visión de un individuo, en menor número de ellos se enfocará. Debido a esto, colocarán su producto en posiciones estratégicas para que el individuo crea que lo elige por voluntad propia, sin darse cuenta de que ha sido manipulado para ello.

Te voy a poner un ejemplo gráfico para que entiendas mejor el concepto que te acabo de exponer. Imagina que te muestran una mesa con treinta vasos colocados en filas de tres y te piden que elijas uno. Los tres primeros son de colores vivos y los de las filas posteriores son transparentes. ¿Cuál elegirás? Lo más probable es que te decantes por uno de los que están en la primera fila. Es más, quizás ni siquiera llegues a ver los vasos de las filas a partir de la cuarta o quinta. Tal vez los vasos de la quinta fila sean de mucha mayor calidad que los de la primera, pero ni te has dado cuenta, porque tu mente siempre tiende a economizar energía y le supondría un gasto excesivo de esta el hecho de tener que procesar tantos vasos.

 

¿A dónde pretendo llegar con esto?

Muy sencillo, a que nuestra capacidad de elegir está muy limitada, a pesar de (o debido a) la inmensa y abrumadora cantidad de opciones que tenemos disponibles. Podemos extrapolarlo a cualquier ámbito que se te ocurra, no solo en el ámbito comercial.

La lista de ejemplos es interminable:

  • Política: Solo “existen” dos ideologías para elegir: izquierda o derecha, demócratas o republicanos, conservadores o laboristas, etc. (Los vasos de colores).
  • Música: Reggaetón o rap. Punto.
  • Deportes: Fútbol. Punto. Y dentro del fútbol: Real Madrid o Barça. Punto.
  • Sociedad: Feminismo o machismo, nacional o extranjero, rico o pobre, tonto o listo… (Más vasos de colores)
  • Etc., etc., etc.

En conclusión, vivimos en una extraña era, que nos pone en bandeja de plata todos los sueños que nadie hubiera osado imaginar hace menos de cincuenta años, y a la vez, nos imposibilita disfrutar de estos, debido a la inmensa amalgama de variedad infinita que nos incapacita para tomar una decisión o nos dirige hacia una decisión predeterminada por otros.

¡Cuidado con la falsa diversidad!


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