¿Por qué creemos todo lo que nos dicen las redes sociales? (INCLUYE VÍDEO)

Las redes sociales están en nuestras vidas a todas horas, en todo momento y en cualquier lugar. La información fluye ante nuestros ojos constantemente y a gran velocidad.

Pero ¿esa información es veraz?

¿Cómo podemos comprobarlo?

En este vídeo te doy la respuesta.

Nada cambia

La afirmación del título de este post puede que te sorprenda. La sociedad ha cambiado mucho en muy pocos años, eso es cierto. ¿Quién no tiene un teléfono móvil en su bolsillo hoy en día? ¿En qué casa no hay como mínimo una televisión? ¿Qué familia media occidental no tiene al menos un automóvil a su disposición? La tecnología ha cambiado la forma de ver las cosas y el modo de actuar en muchos aspectos de nuestras vidas.

De acuerdo, la forma ha cambiado, pero ¿ha cambiado el fondo?

Nada cambia

La sociedad actual se miente a sí misma. Pensamos que tenemos una mentalidad más abierta, que ya hemos superado todos aquellos años oscuros de represión y resulta que están volviendo a resurgir radicalismos que creíamos olvidados y que seguimos venerando a los mismos dioses y las mismas tradiciones, en algunos casos absurdas y perniciosas para nosotros mismos o para otros seres. Nos creemos que ya hemos conquistado la verdadera libertad de expresión y resulta que si comentas o te informas sobre, por ejemplo, alguna de las guerras mundiales o genocidios masivos que ocurrieron no hace tantos años o si buscas ciertos nombres por Internet, tal vez tengas problemas con la ley. Damos por sentado que tenemos la libertad de hacer lo que nos venga en gana cuando queramos, sin darnos cuenta de que estamos “orientados” por el continuo e intenso bombardeo de publicidad, tanto directa como subliminal, por parte de las mega empresas que todo lo abarcan y controlan. Pensamos que podemos movernos a cualquier sitio de esta hermosa tierra en la que vivimos sin pararnos a pensar que siguen existiendo fronteras que limitan territorios, fronteras artificiales diseñadas con fines desconocidos para nosotros, los simples mortales, fines que no nos benefician, me temo. Pensamos que vivimos en una época en la que las redes sociales nos permiten estar más unidos que nunca en la historia. Eso no es del todo cierto, solo estamos más conectados, no más unidos. Es más, estamos más aislados; ya que apenas interactuamos persona a persona, cara a cara, sin aparatos electrónicos de por medio, solo veneramos avatares irreales en pequeñas pantallas LCD y nos destrozamos el cuello de paso. Pensamos que vivimos en la era de la conquista del espacio y resulta que ni nos enteramos de que existen las estrellas en el firmamento porque ya no las miramos, entretenidos alimentando nuestra chepa con los móviles.

En el fondo, nada ha cambiado.

MiedosSeguimos teniendo miedo al futuro, adorando al dinero y a la riqueza material, censurándonos a nosotros mismos y permitiendo que nos censuren. Seguimos creyendo lo que nos dicen las personas que llevan corbata y que aparecen en una pantalla, sin contrastar la información, es más cómodo creer a ciegas una mentira que esforzarse por buscar la verdad. Permanecemos encorsetados en paradigmas y dogmas rancios que no nos permiten evolucionar como los seres avanzados que se supone que somos. Continuamos sin entender de qué va esto de vivir. Aún desconocemos qué es la felicidad, a pesar de nuestra obsesión por conseguirla. Tampoco sabemos identificar lo bueno que nos da la vida y disfrutarlo plenamente, ni aceptar lo malo.

No somos muy diferentes de nuestros ancestros, como ves.

Evolucion


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Todo es cuestión de fe

Cuando los despertamos por la mañana, tenemos fe en que saldrá el sol. No sabemos si en realidad existe una esfera enorme de helio que nos da calor en algún lugar del Universo como siempre nos han enseñado en la escuela, pero lo damos por sentado, no dudamos que es verdad. Tenemos fe en que el sol existe, a pesar de que nadie ha estado allí para atestiguarlo. Cuando nos levantamos por la noche y vamos al baño a orinar, tenemos fe en que se encenderán las luces, no dudamos de ello, a pesar de no saber qué es la luz ni cómo se produce, si es que se produce. Y si no se encendieran, llamaríamos al técnico a la mañana siguiente, dando por sentado que existe alguien con conocimientos suficientes para solventar el problema. Tenemos fe en el técnico.

Y así podríamos continuar con todo lo que percibimos y experimentamos en nuestra vida. Incluso tú ahora mismo tienes fe en mí, tienes fe en que hay una persona detrás que ha escrito este texto, a pesar de que no me hayas visto hacerlo, de que ni siquiera sepas si existo o no, pero tienes fe.

bola de cristal

Cuando somos bebés, lloramos porque tenemos fe en que alguien nos atenderá. No lo sabemos con seguridad, no tenemos pruebas, pero tenemos fe en ello. Cuando nos enamoramos, creemos que es el sentimiento más maravilloso del mundo, sin haber experimentado el resto de sentimientos que existen para poder comparar y afirmarlo con rotundidad, pero tenemos fe en el amor. Las amistades también son actos de fe. Confías en tus amigos porque crees que no te fallarán, a pesar de no disponer de pruebas que lo confirmen. Tal vez siempre hayan estado ahí ayudándote hasta el momento presente, pero no tienes una bola de cristal para predecir el futuro, solo tienes fe. Lo mismo puede suceder con tu enemigo. Tienes fe en que va a intentar hacerte la vida imposible, porque hasta este momento siempre lo ha hecho y das por sentado que así será.

fe religiosaEl ejemplo más claro de fe son las religiones, las cuales viven y se retroalimentan de esa misma fe que producen en la gente, mostrando una serie de pautas a seguir escritas en las hojas de un libro denominado sagrado. En realidad no sabes quién lo ha escrito, ni por qué, ni si está basado en hechos reales, pero tú tienes fe en esas escrituras. No has visto al autor con la pluma en la mano escribiéndolas, pero tienes fe, lo crees sin género de dudas, incluso, en casos extremos, darías tu vida o sacrificarías la de otros por defender lo que ahí se menciona. Tal vez ni siquiera las hayas leído, pero tienes fe en la palabra de alguien con autoridad en la materia que te lo cuenta en cada homilía. No tienes la certeza de que lo que ese emisario dice esté acorde con las escrituras sagradas en las que depositas tu fe, simplemente tienes fe en que sus palabras reflejan lo escrito en ese libro sagrado.

Como vemos la fe se puede desdoblar en múltiples direcciones. La fe es como un árbol, solo vemos el tronco, las ramas que se forman en él y las hojas que crecen en las ramas, sin darnos cuenta de que el origen de todo lo que vemos no es el tronco, son las raíces, las cuales no vemos porque están ocultas bajo tierra.

Por otro lado, es curioso observar que la sociedad cree lo que dice una persona con poder sin cuestionarla. Lo vemos todos los días. No es lo mismo que te diga un economista reputado con muchos años de experiencia que la economía de un país está sana que te lo diga el presidente de ese país, a pesar de que no tenga la formación adecuada. Tú en realidad no tienes pruebas de peso para creer a uno o a otro. ¿A quién creerías?

Pon la mano en el corazón y contesta.

Además, si te das cuenta, la fe en un mensaje se potencia mucho más si se envía desde algún medio de comunicación de masas que si se comenta en una reunión informal con cuatro amigos. El mensaje es el mismo, sea verdad o no, pero la intensidad de fe que florece en las mentes de las personas no es la misma en un caso y en el otro.

fe y poder

Por lo tanto, la fe parece crecer a medida que el poder de esa persona o entidad es más grande y también a medida que el mensaje se difunde de manera masiva. Da la sensación de que la fe nace del poder y se alimenta de la acumulación de fes.

En conclusión: ¿qué es la fe?, ¿fe equivale a verdad?, ¿podríamos existir sin fe?

Tengo fe en que puedas aclarar mis dudas.


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