NO MÁS JUICIOS Y CONTROL DEL EGO

El ego es muy puñetero. Nos hace tener la mala costumbre de juzgar a los demás sin argumentos de peso. Déjame que te diga algo: si no te conoces a ti mismo no puedes conocer a los demás, por tanto no puedes juzgar tampoco a los demás. Cuando juzgas a los demás te estás juzgando a ti mismo de manera insconsciente. Ten en cuenta que la vida es neutra, es lo que es. Sin embargo tú eres el que la percibe como positiva o negativa, desde el ego.

En verdad, esta existencia es efímera, pero tú no lo eres, tú eres eterno porque tu luz interior lo es ya que pertenece al Todo. Cuidado con que el ego te controle, lo ideal es que tú lo controles y lo uses para tu crecimiento espiritual.

Tal vez antes de juzgar a nadie, deberíamos conocernos a nosotros mismos

OsKarTel

Por último, en este vídeo te explico brevemente la historia de «Charlando con vosotros». Todo surgió cuando, por razones personales, tuve que vivir temporalmente en la Ciudad X durante varias semanas y, para desahogarme, empecé a grabar mis reflexiones y pensamientos casi a diario. Esto derivó a la creación de este espacio que tanto alimenta tu luz y, por ende, la mía.

[VÍDEO] PROPUESTA: dedica un día a interesarte de corazón por los demás

Deja tu ego en paz por una vez y dedica UN DÍA, SOLO UN DÍA por semana a INTERESARTE DE CORAZÓN por los demás.

Tal vez así consigamos un mundo mejor.

La cultura del “todo gratis”

Hemos llegado a un punto en el que nos hemos acostumbrado a recibir sin dar nada a cambio.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Eso no es nuevo, el ser humano lleva ya décadas educando a su progenie con la filosofía del “todo gratis”. Nos hemos convertido en unos seres que exigen todo sin aportar nada, sin darnos cuenta de que cada cosa que exigimos, aunque nos parezca nimia, requiere un proceso de trabajo previo considerable, proceso que debería ser valorado de alguna manera, y la mejor manera que conocemos es la monetaria o en su defecto, al menos pagar con gratitud.

Pero eso en muchos casos no ocurre.

Nos creemos mini dioses, con derechos que tienden a infinito y obligaciones que tienden a cero, o son cero directamente. Cuando los niños de mi generación (yo nací en la década de los setenta del siglo pasado) abrían la boca para pedir algo, en la mayoría de las ocasiones lo tenían en un corto periodo de tiempo, al menos en los países del mal denominado primer mundo (solo hay un mundo que nosotros conozcamos y es el planeta tierra). Hemos evolucionado mucho en ese sentido, ahora ya no hace falta ni pedirlo, aparece como por arte de magia, de inmediato y multiplicado por diez.

Hemos creado una sociedad en la que creemos tener el derecho inviolable de recibir todo lo que exijamos de manera inmediata. Y no solo eso, sino que cuando se nos pide algo a cambio como justo pago por un producto, servicio o acción que estamos recibiendo, nos indignamos, lo consideramos una desfachatez e incluso lo infravaloramos y lo rechazamos de facto.

Cuando vemos un vídeo en YouTube, nos descargamos música o algún ebook gratis por Internet no somos conscientes del trabajo que hay detrás de la creación de ese vídeo, de esa composición musical o de ese ebook, nos creemos que aparece de la nada, que con solo chasquear los dedos se crea.

Pues no.

Cada producto que consumes, ya sea físico o no físico, conlleva un esfuerzo de creación y de elaboración que puede llegar a durar mucho tiempo, incluso años. Imagínate que tú inviertes varios años de tu vida en crear algo y que luego lo tengas de donar a los demás sin ningún tipo de remuneración (que conste que con remuneración no me refiero exclusivamente a la económica, también está la gratitud y el reconocimiento a tu trabajo)

¿Te parecería justo?

Justo o no, esa es la sociedad que hemos construido, una sociedad en la que nos dejamos obnubilar por el resultado final, sin valorar el trabajo que hay detrás de ese producto o servicio que tanto nos hace disfrutar. Una sociedad que exige “todo gratis” y que no paga por nada.

Me temo que la vida no funciona así, la vida consiste en dar y en recibir para que todo fluya como debe hacerlo y el ciclo continúe.


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Egoísmo solidario

El ser humano es egoísta, eso es innegable y más en la sociedad actual, que fomenta la auto adoración y el placer individual e inmediato por encima de todo y de todos.

El egoísmo es contradictorio. Por un lado, lo tomamos como algo insolidario, como algo malvado, sin darnos cuenta de que todos los seres en el fondo solo nos tenemos a nosotros mismos, porque si no existiéramos ¿cómo podríamos ayudar a los demás?, ¿Cómo podríamos amar? Sería imposible. Así que es natural ser egoísta.

Todo ser vivo tiene que ser egoísta para sobrevivir. Lo primero que hacemos al nacer es llorar. Lloramos porque nos encontramos de repente en un mundo desconocido y hostil, donde ya no sentimos el cálido fluido que nos protegía y nos mecía. Nos sentimos abrumados ante tantos estímulos extraños que nos hacen temer por nuestra supervivencia. Por ello pedimos ayuda y lo hacemos de la única manera que conocemos: llorando. El egoísmo nos salva la vida nada más nacer.

El concepto de egoísmo no está bien orientado. Lo vemos como un pozo sin fondo, donde podemos verter toda clase de experiencias vitales que nos produzcan satisfacción personal, sin pararnos a pensar que, en realidad, es como un vaso. Todo vaso tiene una capacidad limitada. No podemos llenar un vaso de media pinta de cerveza echándole una pinta, se derramaría y se perdería buena parte de la bebida. Con el egoísmo pasa igual. Primero hay que llenar nuestro vaso hasta su capacidad máxima y luego hay que vaciarlo para después volverlo a llenar de nuevo. Y ahí entra el concepto más altruista del egoísmo. Una vez llenado el vaso, debemos vaciarlo en los vasos de los demás y, a su vez, los demás harán lo mismo con nuestro vaso y con el de otros, a medida que ellos lo llenen, dentro de un círculo eterno de egoísmo solidario.

Es bien sabido que cuando ayudamos a otras personas, cuando le prestamos nuestro apoyo, cuando amamos sin reservas y lo hacemos desde lo más profundo de nuestro ser, nos embarga una sensación de bienestar muy placentera y agradable. Es decir, nuestro ego se fortalece y se expande de forma inconsciente al actuar de modo altruista, por tanto, en el fondo, ayudamos a los demás para alimentar nuestro egoísmo y eso está bien, siempre que sea egoísmo solidario, siempre que no desbordemos nuestro vaso.

Así que, ¡seamos egoístas solidarios!


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¿Para qué sirven los selfies?

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