VOY

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Voy a regalarte

una parte de mi arte;

rendirte un homenaje,

invitarte a un viaje

por parajes envidiables.

Voy a mostrarme sin trajes,

desnudarme para que me halles

sin tatuajes.

Voy a amarte, en la luna o en marte,

el lugar no es importante.

Voy a rogarte detalles,

voy a robarte las llaves

de tu corazón salvaje.

Voy a perseguirte hasta atraparte,

voy a acosarte, voy a acorralarte.

Voy a besarte hasta gastarte,

vas a acariciarme sin cansarte.

Voy a acercarme a tu carne,

sin apresurarme.

Voy a envenenarme en tus fauces,

vas a devorarme,

más pronto que tarde.

Voy a dejarte sin frases,

voy a quemar tus naves.

Voy a atarte para que no escapes…

vas a implorarme que te ame.

 

LA VECINA DEL TERCERO

La vecina del tercero

La vecina del tercero… esa vecina que, cada vez que coincidimos con ella en el ascensor, es capaz de provocar que nuestro estómago se de la vuelta violentamente, que unos cientos de miles de hormigas nos recorran alegremente la espina dorsal y que, a duras penas, atinemos a decirle un tembloroso “hola”…



Esa vecina (quien dice vecina, dice vecino, el género no es relevante) que, aunque viva pared con pared, siempre será algo inalcanzable.

Cada noche, cuando me acuesto,
no puedo conciliar el sueño,
pensando en… la vecina del tercero.
Imagino su cuerpo esbelto,
su piel como de fuego,
esos labios que sugieren besos…
Si en el rellano me la encuentro,
mi cuerpo arde de deseo;
desearía tocar su pelo suelto,
reflejarme en sus ojos negros,
acariciar su hermoso cuerpo
y entretenerme entre sus senos;
descender sin miramientos
a la locura de su secreto
y asi conquistar su feudo…
pero a saludarle sólo acierto.
Paso las horas despierto,
observando sus movimientos;
su figura reflejada en el espejo
tras la ducha, secándose el pelo;
de la toalla tengo celos.
Quisiera decirle “te quiero,
eres todo mi universo”,
pero ante ella me bloqueo,
ante la vecina del tercero.
La rabia me inunda por dentro,
si álguien invade su terreno,
si alquien mancilla su secreto,
entre sabanas de lino y jadeos.
En ese preciso momento
me siento como un perro,
abandonado por su dueño;
desearía estar muerto,
la vida sin ella… un infierno;
mas de ella sigo preso,
de la vecina del tercero.
Desde mi ventana observo
con detalle sus escarceos;
hombres hercúleos, guapos y feos,
consiguen eso que tanto anhelo,
el corazón me estalla en el pecho.
Esta locura no tiene freno,
ella es mi mar y yo un velero
sin posibilidad de salir ileso.
Debo remar en contra del viento,
viento que sopla desde su centro.
No merece la pena seguir sufriendo;
vive tu vida, amor eterno…
me quedaré esperando, no muy lejos,
querida vecina del tercero.