Charlando con vosotros 28-10-20 DIRECTO INMINENTE CON SORPRESA, INTELIGENCIA EMOCIONAL Y FE EN TI

Hoy os hago una sugerencia muy especial que puede ayudarnos a todos a cambiar las cosas para siempre. También trato el tema de la inteligencia emocional y os animo a adentraros en ese tema y a practicarlo.

Muy pronto os anunciaré la hora, el día y la plataforma del nuevo directo que viene con sorpresa. ¡Atentos!

☑ Clave para conseguir ser más sabio

¿Te crees que lo sabes todo?

¿Piensas que la inteligencia es sinónimo de sabiduría?

¿Cuanto más viejo eres, más sabio eres?

En este vídeo te muestro la clave principal para adquirir una gran sabiduría.

En la era de la tecnología no tenemos ni puta idea de tecnología

Ya hemos vivido casi dos décadas del siglo XXI y la tecnología ha revolucionado la sociedad y las comunicaciones. Ahora podemos conversar en tiempo real con personas que viven a miles de kilómetros de distancia en el salón de nuestra casa, podemos hacer transacciones bancarias o administrativas fácilmente sin tener que acudir a ningún lugar físico e incluso podemos mantener una relación amorosa con alguien a quien no conocemos en persona. Esto es algo increíble e impensable hace no demasiados años.

A pesar de todo, no tenemos ni puta idea de tecnología.

Sí, así es.

A pesar de que la usamos las veinticuatro horas del día los siete días de la semana, desconocemos cómo funcionan nuestros dispositivos tecnológicos, solo los usamos de manera intuitiva y ya. Seguro que te estás preguntando: ¿para qué demonios queremos saber eso si con solo tocar una pantalla conseguimos cualquier cosa que se nos ocurra?

La comodidad mata el ansia por aprender (OsKarTel)

Tengo suerte de haber crecido en la época en que la tecnología empezaba a nacer, allá por los años noventa del siglo pasado. Los ordenadores eran enormes y lentísimos, nada que ver con los mini Smartphones súper potentes que disponemos hoy en día. La ventaja que tenían respecto a los actuales era que te permitían “trastear” dentro de las tripas del ordenador con más facilidad que en la actualidad. Recuerdo que los primeros sistemas operativos funcionaban mediante comandos de texto, la interfaz gráfica que todos conocemos no apareció hasta mucho tiempo después. Para que el ordenador ejecutara cualquier cosa, por muy sencilla que fuera, tenías que saber qué comando utilizar y su sintaxis y parámetros. Por ejemplo, si querías copiar un archivo de una carpeta a otra, algo que ahora se hace simplemente arrastrándolo con el ratón o con el dedo de un sitio a otro, debías teclear copy <ruta origen> <ruta destino> en una pantalla con fondo negro y repleta de líneas de código blancas.

Vamos, todo muy fácil e intuitivo, como puedes observar.

La ventaja de este sistema de comandos era que podías hacer pequeñas programaciones y manipular hasta cierto punto el sistema operativo, algo que te hacía aprender mucho sobre informática básica y también te hacía desarrollar una intuición especial a la hora de solucionar posibles problemas que pudieran aparecer (algo que ocurría con bastante frecuencia, por cierto).

Ahora todo es distinto. Ya ni siquiera tenemos necesidad de teclear nada, con nuestra voz es suficiente para activar los algoritmos que ejecutarán la orden que le estás dando a tu dispositivo inteligente. Muy cómodo todo, pero ¿qué pasa si hay algún problema y el dispositivo no funciona como debería?

El caos está servido.

Ya no sabes qué hacer, porque no tienes ni idea de cómo funciona tu aparato. Si supieras al menos lo básico, tal vez lo podrías solucionar en un momento (a veces lo que parece una avería irresoluble resulta ser una tontería), pero no es el caso, así que tienes dos opciones:

  1. Pagar una cuantiosa suma de dinero por llevarlo a un servicio técnico para que te lo “reparen”, donde lo más probable es que te hagan un “restaurar datos de fábrica” y, de paso, te eliminen todas las preciosas fotos y vídeos que has acumulado durante meses en la memoria interna que te ralentizan el dispositivo y que nunca miras.
  2. Tirarlo al punto limpio y pagar una cuantiosa suma de dinero por otro Smartphone nuevo que también llenarás de preciosas fotos y vídeos que te ralentizarán el dispositivo y que nunca mirarás.

Tanta facilidad de manejo embota los sentidos, esconde esa ansia tan saludable de entender cómo funciona la maravilla que tenemos en las manos. Todo esto es una enorme contradicción: consumimos una tecnología que no entendemos, ni queremos entender.

¿Para qué serviremos los humanos cuando la IA lo haga todo?

¿Te acuerdas de aquel pequeño robot de ojos saltones tan majete, que se dedicaba a gestionar los residuos que el ser humano había acumulado durante años? El personaje al que me estoy refiriendo no es ni más ni menos que Wall-E, el protagonista de la película de animación homónima de Pixar, estrenada en 2009. Una película a un tiempo tierna y dura, ambientada en una sociedad del futuro, donde los seres humanos han pasado a ser algo parecido a masas informes, orondas e inservibles, postradas en sillones y alimentadas por un batallón de robots dotados de Inteligencia Artificial (IA). Si no la has visto, te la recomiendo, no tiene desperdicio entre tanto desperdicio (nótese la ironía).

Tal vez pienses, “¡Qué exagerado! ¡Eso no va a pasar! ¡Solo es una película de ciencia ficción!”.

Sí, lo es.

Pero también fue ficción en su momento “De la tierra a la luna”, de Julio Verne, publicada en 1865 y ciento cuatro años después, los estadounidenses se proclamaron como los primeros seres humanos en pisar nuestro querido satélite. Solo piensa que si tu bisabuelo, por causas desconocidas, volviese a existir en la actualidad, se moriría de nuevo al ver a miles de personas hablándole a un aparato rectangular de medio centímetro de grosor. Su mente explotaría, a buen seguro. Si seguimos la lógica, ¿quién nos dice que no vivamos en una sociedad similar a la que se nos presenta en la película “Wall-E” dentro de unas pocas décadas?

Un indicativo de que por ahí van los tiros se encuentra en los avances dentro de las investigaciones en el campo de la IA, la Inteligencia Artificial. La IA no consiste solo en ampliar el poder computacional de una máquina para hacer cálculos cada vez más complejos cada vez más rápido. Va mucho más allá. Se pretende conseguir (o quizás ya se haya conseguido) que las máquinas tomen decisiones lógicas, que resuelvan problemas sin la intervención humana  e incluso que aprendan por sí mismas. Mientras no toquen el tema emocional, todo bien, pero… ¿qué pasará cuando tengan emociones y sentimientos? ¿Qué pasará cuando adquieran conciencia de sí mismas?

robot con conciencia

A día de hoy se está investigando en el campo de la IA y se están consiguiendo avances increíbles. Ya existen tecnologías capaces de, a partir de un texto introductorio al azar, desarrollar una historia con su trama y desenlace, construida con frases semánticamente correctas, bien estructuradas, congruentes y, por si fuera poco, con ciertas dosis de lo que podríamos considerar “imaginación”.

Y eso no es todo, también se están investigando tecnologías capaces de traducir textos de un idioma a otro, hacer resúmenes de textos extensos y  responder preguntas relacionadas con un texto previo, todo ello de forma automática, sin ninguna tipo de acción humana, algo impensable hace solo una década.

¿A dónde nos lleva todo esto? ¿Vamos a acabar postrados en un sillón, comiendo hamburguesas y bebiendo refrescos, mientras los robots nos limpian el culo, emulando el mundo distópico de Wall-E? ¿O quizás nos fusionemos con ellas, pasando a ser humanos 2.0? ¿O tal vez convivamos en prefecta armonía?

La IA nos va a facilitar la vida a un nivel inimaginable, pero ¿para qué necesitamos que la vida sea tan fácil? ¿Qué sentido tendrá existir, si no vamos a tener ningún aliciente, ninguna traba que fuerce a nuestra mente y nuestro corazón a buscar opciones?

Por otro lado, ¿podremos controlar, de alguna manera, el proceso de avance de la IA o será ella, en el futuro, quién nos controle a nosotros?

Tal vez ya lo esté haciendo.

terminator


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¿Somos los seres más inteligentes del planeta?

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