LA VIDA SOLO ES Y ALGUNA COSITA MÁS

Vídeo

La vida no es fácil o difícil, la vida solo ES.


El ser humano tiene la obsesiva manía de proyectarse hacia el futuro y estancarse en el pasado, sin darse cuenta de que ninguno de ellos existe.


Todos tenemos necesidad de contacto humano y de cariño, algo que en la actualidad se les está prohibiendo a los más pequeños. Este hecho va a desembocar sin duda alguna en la creación de adultos psicópatas, faltos de empatía y pobres intelectual y emocionalmente.

[VÍDEO] ¿Por qué desaparecen tantos niños?

Tal vez no te hayas preguntado nunca por qué desaparecen tantos niños al año en España y en el resto del mundo. No es un tema del que se trate demasiado en los medios de comunicación. Sin embargo eso no significa que no sea importante.

En este vídeo te expongo mi teoría sobre los motivos que hay para cometer tal atrocidad.

9-11-20 DIRECTO INMINENTE + IMPORTANTE MENSAJE PARA TI, QUE TIENES HIJOS

Antes de empezar os recuerdo que el día

10 DE NOVIEMBRE A LAS 20 HORAS (HORA DE ESPAÑA)
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UN NUEVO DIRECTO CHARLANDO CON VOSOTROS
con una invitada de excepción: Laura Herrero.

¡Estáis todos invitados!
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Hoy trato un tema importantísimo: los hábitos negativos que están adquiriendo los niños y la responsabilidad que tenemos los adultos de evitarlo, por el bien de todos, grandes y pequeños.

[VÍDEO] ¡Volvamos a ser niños!

¿Qué ocurriría si todos fuésemos inocentes y puros como cuando éramos niños? Tal vez el mundo sería maravilloso.

¡Probémoslo!

¡Sorpresa, sorpresa!

Imagen

Escribo este texto en primavera, época en la que los niños suelen tomar la Primera Comunión, ritual católico y tradición arraigada en el territorio donde vivo. Tras la liturgia correspondiente, donde los niños reciben el Cuerpo y la Sangre de Cristo, según el rito católico para el cual se han estado preparando durante horas de asistencia a Catequesis, los comulgantes disfrutan de una gran fiesta repleta de otros niños con los que juegan, de los padres de esos niños que asisten gustosos al convite y de familiares del mencionado comulgante. Todo es idílico y fantástico, todos disfrutan del día en buena lid.

Todos menos los comulgantes.

No hace mucho asistí a uno de estos acontecimientos y descubrí algo que me heló la sangre: el gesto de la comulgante (era una niña) al abrir los regalos que le habíamos llevado se mantuvo impertérrito, parecía como si el tema no fuese con ella.

Esa actitud me hizo cuestionar varias cosas: ¿para qué se hacen regalos que no emocionan?, ¿a los niños ya no se les puede sorprender?, ¿la emoción se está extinguiendo?, ¿estamos creando futuros adultos insensibles?

Hace tres o cuatro décadas, los que éramos niños entonces, esperábamos con impaciencia los días señalados, como por ejemplo el de la Primera Comunión que acabo de comentar, con ansiedad, porque sabíamos que “algo nos iba a caer”, pero desconocíamos qué y cuando desenvolvíamos el paquete lo hacíamos con avidez, deseosos de descubrir qué se escondía debajo de ese embalaje tan colorido. Con independencia del valor monetario del regalo, teníamos la capacidad de valorar la intención del regalo y lo agradecíamos de corazón.

Aquella era una sensación muy bonita, muy humana, tanto para el receptor como para el donador del regalo.

Llegados a este punto yo me pregunto: ¿los niños de hoy en día conocen esa sensación, conocen la sensación del millón de mariposas volando todas a la vez dentro del estómago? A juzgar por lo que te acabo de contar, no lo parece. ¿Qué ha pasado?, ¿por qué no disfrutan de los regalos?, ¿tal vez porque reciben tantos que ya no los valoran? Es posible. ¿O quizás la razón estriba en que ellos ya saben de antemano lo que van a recibir? También es posible. Y la pregunta del millón, escalofriante sin duda: ¿estamos los adultos deshumanizando a los niños, llenándolos de regalos que no les motivan?, ¿para qué hacemos eso?, ¿para alimentar nuestro propio ego a costa de anular poco a poco la sensibilidad de nuestros niños?

Esta sociedad enferma ha creado la norma no escrita de saturar a los niños de cosas inútiles, que no les motivan, ni les aportan conocimiento valioso, ni les sorprenden, cosas que solo sirven para regocijo del adulto, para afianzar su estatus ante los demás adultos, para ensalzar su ego de adulto.

Tal vez ya va siendo hora de regalar menos y sorprender más.


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Somos bolas de luz

Ayer, paseando por el parque, tal vez debido a la influencia de los rayos de sol sobre mi cabeza, me acordé de un vídeo de animación que vi no hace mucho tiempo. El vídeo relataba con imágenes el periplo de una bola de luz que comenzaba saliendo desde el interior de una caja oscura. Nada más salir de la caja, la bola viajaba por el aire con todo su brillo, pero a medida que iba avanzando, pequeñas motitas de algo parecido a excrementos se iban adhiriendo a ella, apagando poco a poco su luz hasta quedar convertida en una masa informe de color marrón.

El vídeo me impacto sobremanera y me hizo pensar que, quizás, al nacer todos seamos bolas de luz como la protagonista de ese cortometraje y que, a medida que vamos caminando por la vida, nuestra luz se va llenando de prejuicios, de dogmas, de tabúes, de miedos, de creencias que damos por sentadas y de otros excrementos que se pegan a ella como lo hacen las sanguijuelas a la lozana piel de un niño.

Párate a reflexionar un momento.

somos bolas de luz

¿Todo lo que hemos aprendido durante nuestra vida enriquece nuestra alma o la empobrece? ¿Todo lo que nos han enseñado nuestros padres, nuestros profesores, nuestros compañeros de trabajo, nuestros amantes, en definitiva la sociedad a la que pertenecemos alimenta la luz de llevamos dentro o la oscurece?

Hay algo que es incuestionable: todos, absolutamente todos hemos sido niños alguna vez. Hemos sido inocentes, puros, hemos brillado con nuestra luz interior, propia, genuina, resplandeciente, sin basura adherida. Quizás ya sea el momento de sacar la bayeta y darle una buena pasada a esa esencia que todos llevamos dentro, a esa bola de luz, hasta dejarla impoluta, refulgente, como los niños que somos y siempre seremos, independientemente de los años que hayamos cumplido.

Eso solo es tiempo de existencia en esta realidad, nada más.


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